PRAXIS
Praxis enlaza con la cultura del DIY (do-it-yourself), y emerge como consecuencia de la actual crisis económica, al tiempo que surge como laboratorio o taller experimental, de carácter dinámico, complementario y que genera de manera independiente un módulo alternativo a la programación anual.
Tiene un carácter de improvisación, y se sustenta en valores como el reciclaje, lo procesual, lo relacional y, sobre todo, la acción directa y el «hazlo tú mismo». Este último punto pretende que el artista tenga un rol mucho más activo, y acabe con la prevalencia actual de la obra de arte frente al artista-sujeto. Este protagonismo se verá reflejado en diversos ámbitos, como el abrir las exposiciones al público desde su origen, de manera que el espectador pueda asistir a todos los pasos de generación del mismo. Praxis consistirá en una serie heterogénea de proyectos que engloben una actitud, una iniciativa inspirada en la subcultura que surge con el movimiento punk de los setenta, en la cual los artistas autogestionaban sus propias bandas y producían sus propios álbums, generando sus propias firmas así como su propio merchandising, camisetas, gorras etc..., y material de autopromoción.
Por otro lado, la cultura del DIY ha crecido exponencialmente con el surgimiento del corporativismo multinacional y se ha convertido casi en una ideología política y social, en una doctrina de «no consumismo» aplicada al arte. Praxis pretende así reconciliar lo underground y lo institucional, luchar contra su propio statu quo y, al mismo tiempo, aunar globalismo y localismo, para lo cual retoma una expresión típica de la cultura DIY: «pensar globalmente, actuar localmente».
SÚPER HÉROE EUSKALDUNTZARRA
Súper Héroe Euskalduntzarra se concibe a modo de monumento ecuestre que se enmarca dentro de todo un conjunto de obras realizadas por los hermanos Roscubas en poliéster, que retrataban, con un marcado carácter irónico y una cierta provocación, a todo un elenco de personajes variopintos y dispares como deportistas, supermanes o personajes vascos.
Este proyecto permite al espectador ser testigo en directo, de la mano de los propios artistas, de la restauración de esta pieza de 1979, que ha pasado a formar parte de los fondos de la colección de ARTIUM; sumergirse en su taller para comprenderla dentro de la trayectoria artística de los autores y aproximarse a la efervescencia cultural de esa época.
El objetivo de este trabajo era una mueca cómica sobre el debate generado en torno al arte vasco, a la famosa «Escuela Vasca» vigente en aquel momento y desarrollada especialmente en el ámbito escultórico, con nombres como Oteiza y Chillida, Basterretxea, Mendiburu, Chillida y Ortiz de Elguea. Durante esa época, los Roscubas hicieron una serie de obras con alusiones a la central nuclear de Lemoiz, que se encontraba en construcción en ese momento de grandes cambios. Tanto el jinete como el caballo de nuestro monumento ecuestre presentan rasgos deformes e incluso grotescos. El «caballero» viste ropa de trabajo con capucha negra, calza abarcas, y lleva en la mano una azada y un kaiku. En lugar de la silla, una ikurriña.
Para la realización de esta escultura los artistas utilizaron el poliéster, que por entonces se presentaba como un material alternativo, ligero y dúctil en perfecta contraposición a los materiales tradicionales más pesados, como el hierro, la piedra o la madera. En esta misma línea de subversión, frente a la predominancia de una tendencia más abstracta en la escuela vasca del momento, los Roscubas optan por crear un monumento figurativo que forme parte de su mundo, un mundo en el que la sátira y lo banal conviven en un mundo carente de prejuicios estéticos y morales.
El Arte Vasco de los años 70.
El proyecto que nos ocupa sirve de perfecta excusa para revisar someramente un segmento del clima artístico del País Vasco de los años setenta, de agonía del franquismo a la par que renacimiento de frenesí cultural. Una época en la que estética y política se identificaban en un todo, y en la que todavía funcionaba en los circuitos artísticos aquello de «regional versus nacional». Se rompía con la tradición y se buscaban nuevos lenguajes, sin la necesidad de crear nuevos signos que permitieran establecer una identidad para el arte realizado en Euskadi. Era también la época de los fanzines, revistas, obras e ilustraciones en las que una de las señas de identidad eran, por ejemplo, aquellas capuchas negras con una estridente sonrisa.
Es evidente su conexión con otros fenómenos que surgían en la época, los cuales a su vez conectan con la «praxis» mencionada anteriormente: los fanzines, el punk y el rock radical vasco. Una agitada creatividad de tintes utópicos en la que convergen –y emergen– activistas políticos, intelectuales, creadores –individuales y colectivos– cuya pretensión era cambiar la realidad, o la visión de ésta, a través de la cultura. La obra de los Roscubas actúa como fantástico –en sentido literal y figurado– pretexto para retomar este capítulo de la historia y contextualizar una obra en un momento que se mostró crucial para el desarrollo del arte contemporáneo tanto vasco como internacional.
Entradas Online
Tienda Online