La Basílica de Aranzazu

Desde: Jueves, 10 Julio 2003

Hasta: Domingo, 14 Septiembre 2003

Lugar: Antesala

La exposición Arquitectura y escultura en la Basílica de Aranzazu. Anteproyecto, proyecto y construcción (1950-55): los cambios (que acompaña la publicación del libro del mismo título dentro de la colección Apuntes de Estética ARTIUM), ilustra la transformación que sufrió el proyecto del templo franciscano desde el anteproyecto hasta su ejecución definitiva, en unos años clave en la evolución de la arquitectura y el arte en España. Libro y exposición documentan y explican los motivos de la evolución desde un anteproyecto realizado, en buena medida, bajo el lastre ideológico de la España autárquica hasta culminar en un edificio considerado como el arranque de la modernidad tras la guerra civil. La muestra contiene numerosos planos y maquetas que ilustran esa evolución, procedentes de los archivos familiares de los arquitectos Luis Laorga y Francisco Javier Sáenz Oiza, así como del convento franciscano de Aranzazu.

La exposición Arquitectura y escultura en la Basílica de Aranzazu. Anteproyecto, proyecto y construcción (1950-55): los cambios (que acompaña la publicación del libro del mismo título dentro de la colección Apuntes de Estética ARTIUM), ilustra la transformación que sufrió el proyecto del templo franciscano desde el anteproyecto hasta su ejecución definitiva, en unos años clave en la evolución de la arquitectura y el arte en España. Libro y exposición documentan y explican los motivos de la evolución desde un anteproyecto realizado, en buena medida, bajo el lastre ideológico de la España autárquica hasta culminar en un edificio considerado como el arranque de la modernidad tras la guerra civil. La muestra contiene numerosos planos y maquetas que ilustran esa evolución, procedentes de los archivos familiares de los arquitectos Luis Laorga y Francisco Javier Sáenz Oiza, así como del convento franciscano de Aranzazu.

Arquitectura y escultura en la Basílica de Aranzazu narra “el complejo y difícil proceso de construcción” del templo y de su estatuaria, desde el momento en el que en 1950 dos jóvenes y por entonces desconocidos arquitectos madrileños, Luis Laorga y Francisco Javier Sáenz Oiza, ganan un concurso de anteproyectos para su construcción, hasta su inauguración en 1955. El anteproyecto presenta algunos toques de modernidad y bastantes referencias a la obra de Dominikus Böhn, arquitecto germano que en los años 20 y 30 inyectó en la arquitectura sacra de su país la fuerza y el dinamismo del expresionismo alemán. Sin embargo, lo cierto es que la basílica, tal y como se concluyó en 1955, era mucho más moderna que el anteproyecto de 1950 y el proyecto redactado en 1951. Esa transformación la convierte en un hito en la arquitectura y el arte de la posguerra, en el arranque de su modernización.

La razón de estas transformaciones se encuentran en el inicio de la ruptura del aislamiento del régimen de Franco tras el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos en 1949, apertura que, si no en lo político y lo social, sí tuvo efectos rápidos en el arte y la arquitectura. Es a partir de 1951 cuando las consignas de la Dirección General de Arquitectura se modifican; los cambios en la arquitectura española entre 1950 y 1953 son abismales, y es precisamente en ese período cuando Laorga y, en especial, Sáenz Oiza transforman sustancialmente su proyecto inicial, que ya estaba siendo construido.

Ambos arquitectos corrigen sobre la marcha todo lo que podía ser rectificado (no pudieron hacerlo con la planta tradicional de una nave con crucero y ábside, cuyos muros ya estaban siendo levantados). Para asombro de la comunidad franciscana, Oiza y Laorga introducen sucesivos cambios en el interior del templo (lucernario del altar mayor, arcos, pasillos laterales, bóveda, camarín de la Virgen), que queda completamente transformado. Los cambios en el exterior son también evidentes en el exterior (en la fachada desaparecen los arcos y se modifica completamente la estatuaria, se producen modificaciones en el campanil), en muchos casos por influencia de Jorge Oteiza. Los cambios en el exterior son también evidentes en el exterior (en la fachada desaparecen los arcos y se modifica completamente la estatuaria, se producen modificaciones en el campanil), en muchos casos por influencia de Jorge Oteiza.

La exposición muestra una sucesión de planos, bocetos y fotografías que ilustran las transformaciones operadas a lo largo de todo el proceso, las diferencias tanto en el exterior como en el interior entre los bocetos iniciales y el edificio finalmente construido, así como entre las propuestas iniciales de Jorge Oteiza y la obra escultórica final del artista guipuzcoano.

Vista de la fachada principal de la basílica y vista del interior, hacia los pies, donde se observa la radical transformación de la cubierta del techo y los muros laterales, recubiertos ahora por un paño curvo de madera en el que se insertan dos paralelos salientes en forma de sierra a la altura del pasillo perimetral, volando ligeramente sobre la nave.Los vanos verticales han desaparecido y se convierten en recintos de acceso cuadrado y piedra vista. En lo alto del muro recubierto por esta superficie de madera, donde empieza su curvatura para adaptarse al techo, sendas filas de ventanales cuadrados permiten el paso de la luz natural.

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